Tengo ganas de fiesta, de que acabe el invierno ...


























 
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Esto es un resumen aproximado de lo que podría considerarse mi vida. Y aún me callo muchas cosas...
Nací en Alicante hace 19 años (Esta fecha la voy actualizando año a año, aunque aún no me ha hecho falta)
Lo demás ya lo iré contando por aquí.
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Me dijeron un dia: Miguelito!
 
domingo, febrero 29, 2004  
Deportes

Ayer tuve una conversación larga en la que recordé varios momentos de mi infancia ciertamente traumáticos. Todos tenían algo en común: Deporte. En las últimas 24 horas como he estado tiempo viajando en el coche de mi padre he podido repasar mentalmente la lista de todo lo que probé, intenté y no funcionó.

Cuando estaba en preescolar mi madre me apuntó a natación. La natación es un deporte completo en el que ejercitas la casi totalidad de tus músculos (y si encima follas en la piscina, ya sí que los usas todos todos todos). En principio parecía ir todo bien, aprender a nadar es algo necesario, uno tiene que estar preparado siempre por si hay que saltar al agua o por si se inunda tu ciudad. El problema surgía al acabar la clase y el profesor intentaba hacer algún juego en el que practicásemos lo aprendido, en este caso, nadásemos. Tan simple como un pilla-pilla acuático en el que si el buen hombre te pillaba no pagabas sino que te hacía un par de aguadillas y con la nariz llena de agua tenías que volver a nadar y correr dentro y fuera porque no había piedad. Ahora en verano ya no me gusta bajar a la piscina y si lo hago es porque me asfixio, la playa casi que ni en pintura, y en cualquier caso si me toca nadar lo hago como un perro o como una abuela haciendo ejercicios de mantenimiento.

Después probé con el voleyball. Mi vecina del séptimo jugaba y como ella me tenía que traer a casa después de clase acabé apuntándome yo también. Ella iba a 8º de EGB y yo a 2º de preescolar. Duré dos meses y no conseguí pasar más que unos cuantos balones al otro lado de al red, la cual estaba extremadamente alta.

Una amiga de clase iba a un gimnasio a hacer karate y como éramos muy amigos, durante 1º de EGB probé. Un año entero de patadas, puñetazos al aire y gritos varios. Me animé porque por una vez me salían las cosas bien y realmente no me cansaba tanto, quiero dejar claro que soy ciertamente perro aunque a esa edad aún no lo sabía, pero llegó el fin de curso y los exámenes. Millones de personas en las gradas y cuatro monicacos haciendo los katas o catas o como sea, algún despiste por mi parte y acabé con el cinturón blanco-amarillo que no es sino el cinturón que le deben dar a los niños que ya que han ido a clase y no han terminado de aprender las cosas para que no se sientan frustrados a tan temprana edad. Lástima me doy, ahora que lo pienso. Esto unido a mi traslado de Villena a Alicante y mi total ruptura con ese gimnasio y el profesor me hicieron decidirme a dejarlo.

Llegué a Alicante, nuevo colegio, nueva gente, todo nuevo y yo como un tonto me dejé llevar por los 4 niños que acababa de conocer. 2º de EGB significó para mí la entrada en el maravilloso mundo de balonmano. Niño escuálido como casi siempre lo he sido algún día iba yo a poder tirar con esa fuerza con la que ya en esa edad tiraban otros y menos aún me iba a poner yo en la portería para que se cargasen mis gafas y no ver nada. Tengo que decir que en Villena nadie en mi clase jugaba a fútbol en el patio porque era un colegio pequeño y el campo de fútbol era para los mayores y llegué a Alicante a un colegio de ciertamente niños pijines con millones de campos y todo el mundo con su balón y su fútbol, es decir todos muy deportistas. Me deprimió. Acabó el año y acabó el balonmano.

En 3º, aún de EGB, en mi urbanización había clases de tenis y allí que mi madre me lanzó para ver si por fin encontraba mi hueco. El hombre, para que practicásemos, nos ponía frisbys, platillos de esos para jugar en la playa, en el otro campo desde donde nos lanzaba las pelotas y nosotros teníamos que intentar darles. Si le dabas a alguno sumabas puntos. Después de todo el año creo que conseguí 20 puntos or even less. Recuerdo que a final del año el hombrecillo montó un campeonato de mini-tenis. Me alegró saber que no perdí, quedé subperdedor.

Al año siguiente volví al balonmano, no sé porque tenis ya no quería más y algo TENIA que hacer. Duré dos años y en esos dos años fui a 3 partidos. En el primero les metimos una goleada increíble, ninguno mío, por supuesto, y además tiré un penalti y no es que lo parase el porterito sino que lo tiré fuera. Al siguiente que fui no jugué pero me hice fotos cuando acabó el partido para los posters del colegio. Y al último que fui me dijeron que cuando me sacaron tendría que haberme parado y coger un balón que iba por el cielo en vez de llegar al otro lado, a mi posición, que si hubiera actuado así podríamos haber ganado ese partido que hizo que dejásemos de estar en primera posición de la liga cadete. Al resto nunca acudí porque iba a los scouts, esto hizo que después de un año y medio de aguantarme, el entrenador me soltó un día enfadado "si no vas a venir a jugar, tampoco vengas a entrenar!!!". Dicho y hecho, por fin tenía una excusa válida para mi madre.

De la gimnasia del colegio prefiero ni nombrarla. Hay ciertos episodios un poco oscuros.

Y con todo este pasado ahora mismo estoy pensando en ir o no al gimnasio, como lo llevo pensando desde el año pasado. Creo que para mi salud mental lo mejor sería dejarlo estar.

\EOF

11:48 p. m.



domingo, febrero 01, 2004  
NO FALTA RES

Seixanta-sis dies sense tu, no sé on tinc el cap aquests dos mesos.
Seixanta-sis dies sense tu, en falten només una dotzena, ja ets aquí.
I jo, d'esperar-te, no me'n canso mai i et vull només a tu.
Potser la distància m'ho està emboirant tot, però, ja ets aquí.

No pots imaginar-te quantes dolces dolenteries t'esperen aquí, totes per a tu.
No pots imaginar-te quantes carícies perverses tinc per a tu, totes per a tu.
Què he de fer a través de mil quilòmetres, què he de fer si no puc estar dintre teu.
Em perdo per corriols on llisquen els pensaments, tinc tantes ganes de tenir-te aquí.

Michela, no falta res perquè estiguem per fi junts ja.
Michela, no falta res, no falta res, ja ets aquí amb mi, al meu costat.



66 dies son, poc més o menys, els que hi ha hagut entre dos viatges. El primer va passar el segon serà en dues setmanes i mentres tant cada mati Radio3 em regala aquesta cançó qui no és del tot amb les que a priori s’em podria relacionar però que sense dubtes té força coincidències, noi.

Un petò

\EOF

9:18 p. m.



 
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